11 de marzo de 2011

Salvemos la política: no de la corrupción sino de la sensación de corrupción

Me ha sorprendido saber, como seguro muchos compañeros, que el PSOE acumula 64 casos más de corrupción que el PP. Por suerte el PSE-EE tiene cero casos. Espero que así siga, si no esa persona dejará automáticamente de ser compañero/a mío.

Aunque hay que destacar, que los datos solo incluyen a cargos electos y no a cargos de designación directa, que supondría la crecida no sólo del PP, sino también del PNV. 

Hay que destacar también, que me parece que lo datos no separan entre casos de prevaricación (hacer algo que el juez considera que sabes que no podías hacer, y en ocasiones en efecto lo sabes pero en otras podría ser que no) de la corrupción pura (que enriquece al político con el dinero de todos, de manera ilegal) por simplificarlo.

No obstante, y aunque parezca contradictorio con mi anterior post, sigo diciendo lo que siempre he dicho: que la corrupción no la provocan los partidos, la provocan las personas. Pero es verdad que a quien hacen daño es a la política en general y a los partidos en concreto.

Pero hay una diferencia además, debe haberla, entre quienes gestionan la corrupción entre miembros de sus filas de una manera (creo que en el PSOE es prácticamente impoluta la actuación en contra de esos cargos), frente a quienes la gestionan de otra (o más bien no la gestionan).

Es triste saber, que un partido político puede perder una comunidad autónoma por unos supuestos casos de corrupción que, no quiero escurrir el bulto, pero todavía estamos en el inicio de las investigaciones (caso Andalucía) y sin embargo parece ser que otro puede mantener la suya hagan lo que hagan (Madrid y Valencia). Yo siempre he defendido que es una ventaja que el votante de izquierdas sea mucho más exigente que el de derechas, porque eso nos mejora, lo que no puede convertirse es en una desgracia que provoque que al final, quienes gobiernen sean los menos exigentes con sus políticos porque les da igual. Pero ese es otro tema.

Porque hay un dato mucho mejor y que defiende otra de las tesis que procuro transmitir siempre: los casos de corrupción suponen el 1% de los más de 60 mil cargos públicos que existen. Es triste entonces comprobar, cómo precisamente por estos casos de corrupción (entre otras cosas) somos los políticos el tercer problema de la sociedad. 

La sociedad tampoco acepta que estemos constantemente a la gresca por todo, y tampoco acepta que los políticos puedan equivocarse, pero eso es algo inevitable y que habrá que conseguir transmitir que eso es la democracia. También a los políticos se nos debiera transmitir que perder no es tan importante, que el poder cuando lo ejerce otro no es tanta la desgracia. Quizás de esa manera las oposiciones serían menos autodestructivas (respecto a la política en general). 

Sin embargo sobre lo demás, debemos atajar la corrupción por un lado, pero hacer ver a la sociedad que los casos suponen el 1% (si se tratase sobre el empleo, ese dato supondría el pleno empleo, por lo que respecto a la corrupción, supone que ésta no existe realmente). Porque un 1% supone la nada. Y además, se está actuando desde que el Gobierno de España en la anterio legislatura, diese más herramientas a la Fiscalía para actuar frente a la corrupción, cayese quien cayese (alguna que dice y dijo que la Fiscalía sólo actúa contra ellos debería pedir disculpas), frente a un PP que se negó a apoyar en el Congreso aquella medida.

Me considero partícipe por tanto, del intento público de que unos casos de corrupción afecten electoralmente a un partido político. Es verdad que cansado estaba de oír lo contrario. Pero me doy cuenta, que esta actitud que todos los políticos realizamos públicamente ante la desgracia de que el partido de enfrente se encuentra con un corrupto, es un craso error de cara a que los votantes confíen en nosotros como políticos, al margen del partido al que decidan votar

Debemos empezar a ser conscientes los políticos, que a partir de ahora primero deberíamos ganarnos la confianza como colectivo, en pos de la democracia, y posteriormente como ideología diferenciada, como proyecto diferente. Es por ello que debiéramos hacer un pacto en pos de "salvar la política", intentando hacer un decálogo de oposición, sobre los buenos usos de la oposición, para desterrar lo que a la ciudadanía le afecta en negativo respecto a la imagen de los políticos, y desgranar sólo una oposición de ideas, de ideología, de programas.... y unas actitudes como partidos políticos impolutas como instituciones, frente al ínfimo porcentaje de personas, que nunca debieron entrar en política, pero aunque entrasen, da igual al partido que lo hiciesen, saldrán irso facto de la misma. Si no, al tiempo, los partidos políticos tradicionales, tendremos problemas. 

Pero eso son sueños. Antes acabaremos con ese 1% de corruptos....

2 comentarios:

Socialistas de Bareyo dijo...

A mi no me sorprenden los casos de corrupción en el PSOE. Quizá en grandes ciudades o en CCAA "mediáticas" como Valencia, el PP se lleva la palma...pero si vieras en pueblos pequeños...

Aquí en Cantabria, en pueblos rurales, es común. Sin ir más lejos, en nuestro Pueblo, Bareyo, cerca de Noja, el concejal de Urbanismo Roberto Pellón, del PSOE, fue expulsado por su socio de gobierno (PRC) que ostenta la alcaldía, por supuestas actuaciones irregulares, eso sí, aun por demostrar.

AGRUPACION SOCIALISTA DE REKALDE dijo...

La verdad es que los casos de corrupcción lo que hacen es extender un velo de sospecha hacia a todos los políticos.
la corrupcion es algo global y como algo global tiene que ser tratado. Y dónde seguramente mejor se trataría sería en las cámaras legislativas creando unas leyes que sin ambages condenen la corrupción

Perfil

Bilbao, Vizcaya, Spain
Soy Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas y tengo estudios de Periodismo. He hecho teatro amateur 10 años. He grabado algunos cortos. Soy Formador en Comunicación. He sido tertuliano de la SER, Onda Vasca, Telebilbao y ETB. Escribo, leo, veo cine... Como se ve, mi vida tiene bastante que ver con la comunicación. Estoy dispuesto a abrirme al mundo. ¿Está el mundo preparado para recibirme a mi?